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21/06/2012

Siguiendo el rastro a la evolución humana con 60.000 modelos de dientes

Un laboratorio de la Universidad de Alicante guarda cuidadosamente clasificados entre 50.000 y 60.000 modelos de dientes de seres humanos y de sus antecesores en la evolución genética. El objetivo de este registro es servir de base de datos para estudios antropológicos sobre la especie, sus orígenes y la diversidad de poblaciones pasada y presente.



AUTOR: UA

El laboratorio lo dirige Alejandro Romero, profesor de Biotecnología y director de un grupo de investigación que realiza estudios antropológicos basados en colecciones de réplicas de dientes de todo el mundo y de todas las épocas, desde homínidos de hace cientos de miles de años a grupos humanos actuales de características propias o en riesgo de extinción. El laboratorio forma parte del Departamento de Biotecnología que dirige el catedrático Joaquín de Juan.

 

“Los dientes revelan nuestra historia evolutiva”, señala Alejandro Romero. Este científico, que trabaja actualmente en un proyecto con universidades norteamericanas y la prestigiosa revista y productora de documentales National Geographic, explica que las piezas dentales tienen una ventaja sobre el resto de la osamenta a efectos de su conservación: están cubiertos de esmalte, un mineral natural con dureza similar al cuarzo, lo que les preserva mejor de la destrucción o durante la fosilización.

 

Para los investigadores las características morfológicas del diente son reveladores en los estudios de la diversidad humana, fruto de una evolución que se inició hace 6 o 7 millones de años cuando se separó la rama de primates que, tras distintos tipos de homínidos, daría origen al género homo y éste a la especie homo sapiens.

 

Ancestros humanos

 

Sin embargo, desde que los ancestros del ser humano se dispersaron partiendo de África por el resto de los continentes, el tiempo y la adaptación al medio han ido introduciendo modificaciones anatómicas, fisiológicas y genéticas en el hombre moderno. Y es África el continente que sigue conservando la mayor variedad humana. En el extremo opuesto está Europa, donde la mezcla genética desde hace mucho tiempo dificulta estudios de este tipo.

 

En los anaqueles del laboratorio de Alejandro Romero se acumulan moldes de piezas dentarias de unos 200 tipos de poblaciones distintas, algunas con nombres familiares al gran público, por ejemplo mongoles, aborígenes australianos o pigmeos de distintas regiones, pero otras no, como negritos de Filipinas o andamaneses. Algunas aún hoy no se han extinguido y conservan pureza de rasgos, aborígenes o sociedades de cazadores-recolectores a los que “todavía no ha llegado la coca cola”, como describe gráficamente, y que mantienen un aislamiento que ha impedido el intercambio de genes con individuos de otras poblaciones. Otros moldes los han obtenido los miembros del equipo en museos y otras instituciones de diferentes partes del mundo que conservan colecciones de los siglos XVIII y XIX de fósiles y de tipos humanos actualmente extinguidos o que han diluido su singularidad. A veces, las normas de protección sobre individuos vivos de poblaciones en riesgo de extinción son tan rigurosas que los investigadores prefieren obtener los moldes de colecciones ya existentes que afrontar la complicaciones administrativas que implican tomarlas de las personas vivas.

 

Técnicas odontológicas

 

Para un especialista la forma y tamaño de un diente es reveladora tanto en términos genéticos como fisiológicos, anatómicos e incluso culturales: hay sociedades en que se liman los dientes por motivos ornamentales o para facilitar el proceso de descarnar animales. Asimismo, sus abrasiones y roturas pueden dar pistas importantes sobre hábitos o sobre el entorno; de hecho Alejandro Romero forma parte de un grupo de investigadores especializados en microdesgaste dental.

 

Los moldes se hacen utilizando técnicas e instrumental común de odontología, del que se obtiene el negativo que luego será positivado en el laboratorio. Usan resina de dos tipos: de poliuretano, más barata, y epoxídica, considerablemente más cara pero que permite tratamientos especiales, como la metalización superficial para su estudio con microscopio electrónico.

 

Un subsiguiente paso es describir digitalmente los modelos. Para su imagen en dos dimensiones utilizan una cámara fotográfica; luego esta imagen es tratada con métodos de morfometría geométrica, una técnica que une la biología y la geometría. En la representación digital de las muelas las cúspides y surcos de la corona son particularmente definitorias de su forma. La situación de los distintos puntos de referencia se transforma en coordenadas bidimensionales a partir de las cuales un programa informático traza una malla de deformación para permitir las comparaciones numéricas entre diferentes piezas. Señala Alejandro Romero que el futuro, sin embargo, está en generalizar la digitalización en tres dimensiones, una práctica más laboriosa y que exige instrumental más complejo. Así, cualquier investigador podrá tener inmediato acceso a través de la red a los modelos que conservan sus colegas de cualquier parte del mundo.


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