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07/03/2013

El castigo físico, una práctica socialmente aceptada

Los socios del proyecto DAPHNE proponen métodos alternativos de disciplina

El recurso del castigo físico moderado sobre menores como medida disciplinaria está más extendido de lo que se pensaba en la Unión Europea, incluso en los países en los que está penalizado por ley. Es una de las conclusiones del proyecto europeo DAPHNE, una iniciativa coordinada por la Universidad de Alicante. Los socios han elaborado una serie de recomendaciones para frenar esta práctica tan tolerada socialmente pero que conlleva graves consecuencias emocionales para el menor y para su entorno.



AUTOR: RUVID

El castigo físico se define como el uso intencional de la fuerza, con lesiones físicas o sin ellas, para infligir dolor en un niño o niña con el objeto de corregir o controlar una conducta. Las repercusiones son muchas. Desde el punto emocional, influye en las relaciones afectivas y en la autoestima del menor. Además, el joven agredido muchas veces se convierte después en agresor. Como explica Ana Rosser Limiñana del Departamento de Comunicación y Psicología de la UA, el castigo físico constituye uno de los factores desencadenantes de abusos e intimidaciones en centros escolares, en lugares de trabajo, o en el ámbito familiar. «Está demostrado que los menores educados en la violencia, aprenden que es una buena estrategia para resolver conflictos no solo en la educación de sus futuros hijos, sino en otros contextos como en el patio del colegio, en la empresa o en las relaciones de pareja. El razonamiento es: si quien más me quiere me educa con palos, es porque será la mejor manera», indica la investigadora.


El proyecto, enmarcado en la iniciativa DAPHNE de la Comisión Europea que financia proyectos relacionados con la violencia y protección a colectivos vulnerables, persigue contribuir a erradicar el castigo físico a niños como corrección educativa a través de la concienciación de las familias y las instituciones. Tras dos años de trabajo, los socios han llevado a cabo un exhaustivo estudio comparativo de la legislación y de las creencias sobre el tema en cinco países europeos, entre ellos España, y han elaborado directrices para programas de sensibilización y materiales formativos dirigidos a padres y profesionales del ámbito escolar y social.


Entre un 50% y 60% de familias europeas justifican el castigo físico


El proyecto surgió desde la Universidad de Alicante y la Asociación Altea España a raíz de la entrada en vigor en 2007 del artículo que modificaba el Código Civil español y prohibía el castigo físico. «Hasta entonces, estaba permitido que los padres corrigieran a sus hijos mediante el castigo físico, siempre que fuera razonable, es decir, que no produjera lesiones», explica Ana Rosser. Sin embargo, esta definición era ambigua y no establecía claramente los límites entre el castigo y el maltrato, por lo que era muy difícil actuar desde la legalidad. Sin embargo, la modificación del Código Civil generó mucha polémica entre ciertos sectores que argumentaron que se dejaba a los padres sin herramientas educativas y que generaría una sociedad excesivamente permisiva, comenta la investigadora. Para intentar dar respuesta a esta reacción, el equipo de la UA decidió formar el consorcio europeo con centros del Reino Unido, Alemania, Polonia, Estonia e Italia.


La primera fase fue estudiar la situación en los diferentes países. Encontraron que solo España, Alemania y Polonia hacen una prohibición expresa del castigo físico en el ámbito familiar en su legislación. A pesar de ello, es una práctica muy consentida por una parte importante de la ciudadanía europea. Esto explicaría que las medidas que intentan frenar esta práctica sean impopulares, como fue el caso español. «Nos sorprendió la alta prevalencia de casos detectados incluso en un país como el Reino Unido que trabaja en medidas contra el castigo físico en los niños desde finales del siglo XIX». La prevalencia en países como el Reino Unido o Alemania era parecida a Polonia, país que empezó a actuar en este asunto hace tan solo una década: entre un 50% y 60% de familias europeas justifican el castigo físico y un porcentaje algo menor lo utilizan o lo utilizarían. Otro dato no esperado fue constatar el enorme esfuerzo que realizan Polonia y Estonia, países menos veteranos en el abordaje de estos temas, para atajar el problema.


Según los investigadores, en general, cuando un padre o una madre utiliza el castigo físico, no es por falta de amor hacia sus hijos, sino porque no dispone de otras herramientas. Por lo tanto, la siguiente fase del proyecto consistió en elaborar un modelo con las directrices que debían recoger las campañas de sensibilización, aspectos como los sectores a los que debían dirigirse y los mensajes que debían reflejar. En opinión de los investigadores, una campaña eficaz es aquella que reivindica las alternativas educativas a la violencia para que los padres las conozcan y hagan uso de ellas. Es responsabilidad de las autoridades proporcionar dichas herramientas.


«Las alternativas educativas están relacionadas con lo que llamamos parentalidad positiva: como la empatía, el saber escuchar las demandas del niño y las estrategias de negociación. Asimismo, las familias han de reconocer sus propias emociones para controlarlas en vez de proyectarlas sobre sus hijos. Muchas veces cuando a uno de los padres se le va la mano no es por el comportamiento del niño sino por el estrés al que están sometidos».


A partir de ahora, los socios del proyecto DAPHNE difundirán su programa de formación que incluye actividades concretas y ofrecerán asesoramiento a las entidades que quieran desarrollar una campaña de sensibilización sobre la problemática. La Comisión Europea, por su parte, trasladará las directrices a los Estados miembro en forma de recomendaciones. Todos los resultados se publicarán en breve en la web de la iniciativa.


Estudio sobre el castigo en la provincia de Alicante


Como parte de este proyecto europeo, el Departamento de Comunicación y Psicología de la Universidad de Alicante ha realizado un estudio en la provincia sobre las actitudes y el comportamiento de los alicantinos hacia el castigo físico a la infancia. A partir de una encuesta dirigida a personas adultas con y sin hijos y otra a adolescentes entre los 11 y los 18 años, los investigadores concluyeron que más de la tercera parte de los adultos fueron objeto de castigo físico en su infancia y por lo menos la mitad consideran que puede ser una pauta adecuada en la educación de sus hijos.


Al analizar estos datos negativos, señalan que hay un aspecto importante sobre el que trabajar: «Hemos comprobado que en general coincide que las familias que lo consideran adecuado son las familias que fueron educadas así cuando eran pequeños. Es lo que aprendieron y lo reflejan después en sus pautas de crianza. Con lo cual, si conseguimos que los niños que nazcan ahora no reciban ese modelo, podemos pensar que en un futuro se erradicará el castigo físico», comenta la Ana Rosser.


De las respuestas de los adolescentes, los investigadores observaron que entre un 30 y un 40% reciben azotes, cachetes y zarandeos. Pero los datos que más les llamaron la atención fueron los altos porcentajes de castigo psicológico: gritos, insultos, descalificaciones y humillaciones. «Una de posibles hipótesis es que como el castigo físico está mal visto, puede ser que los padres lo sustituyan por el psicológico. Desde luego no es la solución». Esta tendencia será el objeto de un nuevo estudio, añade la investigadora.


También pasaron un cuestionario de creencias a la población universitaria y comprobaron diferencias que apuntan a un cambio en la mentalidad de este colectivo. Los resultados mostraron que la juventud universitaria está mayoritariamente en contra del castigo físico y a favor de que las instituciones defiendan a los menores de este tipo de prácticas.
 


DESTACAMOS

Imágenes de la jornada de difusión de resultados que tuvo lugar en la Facultad de Derecho de la Universidad de Alicante y que contó con la ponencia del reconocido neuropsiquiatra Jorge Barudy.



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